Existen tres tipos diferentes de huellas emocionales que impulsan el comportamiento humano:
Sensaciones de corto plazo, producen acciones inmediatas como la alegría.
Estados de humor, se manifiesta en el medio plazo.
Temperamento o rasgos de la personalidad, que delimitan y concretan el carácter ante la vida.
El grupo humano está configurado por personas que sienten, piensan y tienen voluntad individual. El equipo dentro de la organización, formado por estas personas, debe ser considerado un organismo vivo que siente, piensa y actúa con una determinada voluntad.


En la dirección de personas hay que emplear la inteligencia emocional, combinando el uso de la razón con la utilización de la emoción.
Se está produciendo una rebelión afectiva, que viene a demostrar que las emociones de los colaboradores configuran el clima laboral.
Los directivos deben tener presente que los colaboradores son personas emotivas.

La principal herramienta para crear entornos laborales emocionalmente propicios es la comunicación, entendida como la interacción entre el líder y el equipo.
El primer paso para la utilización efectiva de la comunicación es llegar a dominar el lenguaje, trasladando siempre mensajes positivos, dado que se ha demostrado que los receptores cognitivamente procesan los datos de forma más eficiente.

Es imposible dirigir sin visión, pues es lo que señala y conduce al equipo en la dirección correcta, situando los esfuerzos de los colaboradores en el resultado del futuro.
Construcción de la propia visión: Imaginando como queremos que sean las cosas en un futuro concreto.
Comunicación de la visión: Transmitir como se quieren hacer las cosas para que los colaboradores sigan esa dirección.
Contribución a la visión del grupo: Enseñar las pautas para ir hacia esa dirección y ayudar a los individuos a desarrollar las tareas, elaborando los detalles que les identifiquen como parte imprescindible de la construcción de la visión.
hay que transmitir el reto con un lenguaje positivo que consiga movilizar voluntades, incentivar el conocimiento y estimular el talento.

Los valores se comparten y nunca se imponen, siendo necesario para obtener la confianza total de los miembros del equipo.

La última de las herramientas que debe saber emplear un ejecutivo para configurar equipos inteligentemente dirigidos, es saber delegar responsabilidades.
Cada miembro del grupo tiene que librar un rol que le complemente con los demás, alcanzando entre todos la cohesión. Resulta indispensable que entre todos los integrantes del grupo se produzca un buen clima y hay que esforzarse porque exista una buena relación de trabajo, donde cada uno confíe en la labor de los demás.
Delegar enlaza con confiar, pues encomendar funciones va más allá de encargar determinadas tareas. Significa apoderar responsabilidades directivas, compartiendo cargas y compromisos empresariales.
Políticas laborales directamente conexas con los contagios afectivos que se producen dentro del grupo y que debe tener presente el directivo:
Valoración y motivación: Es vital que cada miembro del grupo desempeñe una labor que sea reconocida por los demás y que esta actividad sea satisfactoria para él mismo.
Confianza y empatía: Cada miembro debe estar seguro de lo que hace él mismo y de lo que hacen los demás.
Comunicación y compromiso: Hay que comprobar que existan suficientes canales de comunicación positiva para que los integrantes sepan los objetivos generales que guían su trabajo. Además, se debe contar con el compromiso de los demás para conseguir los objetivos del grupo.